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sábado, 24 de diciembre de 2011

Los Juegos del Hambre o la lucha por el cambio

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Gobiernos autocráticos precedidos de una guerra sin piedad, ausencia de libertad informativa, poblaciones sometidas y niños que luchan por y para sobrevivir. Suzanne Collins da la vuelta a las cosas y transforma en ciencia ficción la realidad de nuestros días. El lector se coloca en esa delgada línea que separa ambos mundos para contemplar una crítica de lo que estamos viviendo. Es la tercera apuesta de madrid2noticias para cerrar un mes dedicado a la literatura de ciencia-ficción.



La Historia de la Literatura está plagada de referencias veladas, convertidas en símbolos y en metáforas de la realidad que sus autores han vivido. Cada página escrita a lo largo de los siglos contiene una pequeña parcela biográfica de quien pone al servicio del lector su imaginación y su pluma. Pero, en ocasiones, esa imaginación tiene que volar mucho más allá de lo que los ojos ven, los sentidos captan y el cerebro procesa y entiende. Todo, para trazar el cuadro de una realidad crítica y foribunda, como es la de nuestros días, que Suzanne Collins disecciona en 'Los Juegos del Hambre', toda una visión en ciencia ficción de lo que nos ha tocado vivir.

Los gobiernos que nos dirigen, las sociedades que han generado las guerras y los conflictos y las ansías de libertad, que toman cuerpo en el hilo conductor de una joven adolescente, Katniss Everdeen. Ella nos traslada a ese mundo no tan imaginario y no tan dentro de nuestras mentes como presente en nuestra vida cotidiana. Es la ley del más fuerte.

Ella, Katniss Everdeen, es una chica de 16 años que a diario atraviesa la alambrada del distrito doce para cazar en el bosque y usa las presas para obtener, mediante trueque, objetos de primera necesidad; la única salida para sobrevivir junto a su madre y su hermana pequeña.

El mundo de Katniss está sometido, ya que tras una devastadora guerra, surgió un gobierno autocrático conocido como el Capitolio: aglutinador de la tecnología y del armamento, cuyos privilegiados habitantes se han convertido en una histriónica y acaudalada nobleza. Asimismo, el Capitolio divide el territorio en 13 distritos, vinculando cada uno a una tarea global: recolectores, extractores, manufactureros o ganaderos.

El constante esfuerzo por la subsistencia, infligido por el sistema, hace crecer en Katniss brotes de resistencia frente a los casi 75 años de sometimiento. El resto de la población asume la situación como definitiva, por lo que sabe que es muy difícil conseguir apoyos entre los suyos, y más cuando años atrás se produjo una sublevación de la población, que acabó fútil y trágicamente con la aniquilación del distrito 13.

Desde entonces, y como sistema de prevención general para recordar quien pone las reglas y que nadie olvide quien manda acallando el espíritu de resistencia, el Capitolio organiza anualmente Los Juegos del Hambre, que son retransmitidos como un gran Reality Show por todo el territorio.

En la competición anual han de participar los doce distritos. Cada distrito es representado por un niño y una niña de entre 12 y 18 años, que son seleccionados mediante sorteo. Solo puede ganar uno, y será el participante que consiga mantenerse con vida.
La denominada cosecha de participantes alimenta la competición. Los niños y niñas, denominados tributos, reciben un mínimo entrenamiento y pueden elegir un arma e incluso, si su potencial es notable, acaban teniendo patrocinadores privados, que mejoran sus posibilidades de éxito. Todo ello está encaminado a obtener el mejor espectáculo para incentivar las apuestas entre los habitantes del Capitolio, que llevan todo el año esperando este momento.

Esta increíble y fantástica historia, creada por la estadounidense Suzanne Collins, es uno de los relatos más sobrecogedores y a la vez adictivos que he tenido el placer de leer. Una excelente combinación de ciencia ficción y fantasía épica.

La facilidad descriptiva que aporta la autora y la originalidad de las situaciones a las que tiene que enfrentar Katniss Everdeen, junto a los constantes cambios de dirección del argumento, atrapan al lector. Personalmente, agradezco enormemente que se hayan publicado los tres volúmenes de la trilogía en tan solo dos años. La espera habría sido terrible.

Además de entretenimiento, Los Juegos del Hambre, aportan una singular reflexión sobre ciertos modelos organizativos y gubernamentales, llevando al extremo a una minoritaria nobleza y a una sometida y empobrecida clase trabajadora.

Por añadidura, tanto unos como otros, desconocen la verdadera realidad del resto de la población, puesto que el poder centralizado y dictatorial controla los medios de comunicación y, por tanto, la información impidiendo el contacto entre los distintos distritos.

El devenir de los acontecimientos convertirán a la protagonista en un icono, sinónimo del espíritu del cambio y claro motivador de la revolución, hasta el punto de que el lector se puede encontrar asimismo animándola a gritos.

Sin duda, nos encontramos ante una de las mejores historias jamás narradas que podremos ver en formato de película de cine durante la primavera del año que viene. Pero por favor, no esperéis a ver la película, haceros cuanto antes con Los Juegos del Hambre, o regaladlo a alguien que apreciéis de verdad. Podréis disfrutar de las desventuras de Katniss en su lucha a muerte por su vida y por la de todos los suyos: “El chico del Distrito 1 muere antes de poder sacar la lanza. Mi flecha se le clava en el cuello, y él cae de rodillas y reduce el poco tiempo que le queda de vida al sacarse la flecha y ahogarse en su propia sangre. Yo ya he recargado y muevo el arco de un lado a otro, …..”

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