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jueves, 29 de marzo de 2012

Los juegos del hambre: pan, circo y sangre


Panem et circus. Pan y circo. La fórmula perfecta diseñada por los romanos para mantener una tiranía. Una fórmula que incluso funciona cuando el pan es poco y el circo tanto que resulta grotesco. Así sucede en el mundo de Panem, conformado por 12 distritos que viven en la pobreza casi extrema, gobernados por una metrópoli que lo tiene todo: Capitol.

El circo de Panem es simple: cada año, los niños entre la edad de 12 y 18 años deberán presentarse a la Cosecha, una ceremonia del horror. En la Cosecha, por medio del azar, se elegirán de cada distrito a dos muchachos, un varón y una mujer. ¿Para qué? Para luchar por su supervivencia en una arena convertida en un bosque, donde los 24 seleccionados lucharán a muerte hasta que sólo uno quede vivo.



Ese concurso se llama Los juegos del hambre y es televisado a todo el reino de Panem, donde es obligatorio para todos los habitantes ver las transmisiones. “Tributos”, llaman a los participantes. Un reality show, eso es. El circo es una carpa sangrienta.

De eso va Los juegos del hambre, la nueva gran sensación en Hollywood. Esta reseñista no ha leído los libros de Suzanne Collins en los que está basada la cinta, de los cuales el primero se publicó hace apenas seis años.

Dice la crítica especializada que Collins atrapó dos grandes ejes del aire de los tiempos en sus novelas: por un lado la guerra de Irak, por el otro el boom de la televisión de realidad. Como trasfondo, la decadencia de Estados Unidos como gran poder hegemónico del mundo.

PERFECTA PARA ADOLESCENTES

La película, dirigida por Gary Ross, hace guiños a todo eso, pero no es, como podría ser, una cinta politizada ni de violencia extrema. Jeniffer Lawrence, la excelente actriz joven alguna vez nominada al Oscar por Winter’s Bone, estelariza como Katniss Everdeen, una adolescente dura de roer acostumbrada a cazar furtivamente el alimento de su familia.

No hay nada que Katniss no haría por su hermana menor Prim, incluso presentarse voluntaria a esa matanza que son los Juegos. Lawrence es fuego puro. Sin duda una actriz a seguir.

Junto a Katniss es seleccionado Peeta Mellark (Josh Hutcherson, Los niños están bien, Little Manhattan), el hijo del panadero, fuerte pero inocente, para nada listo para luchar solo por su vida. Juntos van como reses al rastro al menos que, como cualquier participante de un reality show sabe, logren ganarse el favor de la audiencia.

Los juegos del hambre resulta una película interesante no solo por su ritmo de acción y la posibilidad latente de la muerte de los protagonistas.

El mundo en el que sucede la historia resulta igual de fascinante. Ese mundo, decadente y epicúreo, lo conocemos a través de los adultos que Katniss y Peeta van encontrando en su camino: el ebrio Haymitch (Woody Harrelson), quien es el encargado tutelar de los dos adolescentes;

Seneca Crane (Wes Bentley), el director del juego, un productor televisivo ambicioso y vacuo; y el malicioso Ceasar Flickerman, conductor del programa televisivo.

La película de Ross puede prestarse a la reflexión sobre nuestra era hiperinformada e insensibilizada, donde el espacio público y privado se confunden y la violencia televisada es cosa de todos los días. Pero no es, de ningún modo, otra cosa que una película de entretenimiento perfecta para adolescentes.

Fuente eleconomista

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